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adamar

Revista de Creación · En la red desde el año 2000

Presentación

Toda revista se presenta dos veces: una al nacer y otra cada vez que alguien la abre por primera vez. Adamar resolvió las dos con el mismo texto, un breve poema en prosa que encabezó su portada desde el principio y que sobrevivió a los tres cambios de sitio que la revista atravesó en quince años. Decía así:

Principio y final al centro. Irreverencia de órdenes, trance de reversibles.

En la medida en que el final se acerca, somos guiados de vuelta hacia el comienzo; pulsión y vacío, redes: invisibilidades.

En algún lugar por medio, sin llegar nunca al principio mas ya desentendidos del final, nos hemos extraviado en la espesura.

No es una declaración de principios al uso. No promete nada, no describe una línea editorial y no nombra a nadie. Lo que hace es fijar un tono, y el tono resultó ser exacto: una revista que se ordenaba por secciones fijas y números correlativos, pero cuya materia era precisamente el extravío, el trance, la reversibilidad de las cosas leídas.

El nombre

La segunda pieza de la presentación era una entrada de diccionario, reproducida sin comentario:

adamar — (ant.) Amar con vehemencia.

La revista acreditaba la definición al diccionario de la Real Academia Española y al Diccionario de uso del español de María Moliner. Es un verbo que el castellano dejó de usar hace siglos y que sobrevive sólo en los repertorios lexicográficos, marcado como antiguo. Rescatarlo para una cabecera es una decisión con consecuencias: obliga a explicarlo cada vez, impide que el nombre se confunda con ningún otro y sitúa a la publicación en una relación con la lengua que es la de quien busca, no la de quien hereda.

Hay algo más en la elección. Adamar contiene amar y contiene mar, y la revista jugó con ambas cosas: la fotografía de portada de una de sus épocas se tomó en la costa gallega, en Punta do Queixal. El nombre de la editorial que nació de la revista, adamaRamada, extendía el juego un paso más, encadenando la palabra consigo misma.

Cuenco de agua sobre madera clara, imagen del editorial del número 17
Cuenco de agua sobre madera clara, imagen del editorial del número 17

Ofrecer agua a quienes sois río

El editorial del número 17 es el texto en el que Adamar se explicó con mayor claridad. Vale la pena leerlo entero:

Ofrecer agua a quienes sois río.

ADAMAR, vocación de cuenco ofrenda que contiene y os contiene, os bebe y os escancia, con pretensión embriagadora de sentidos en todas sus acepciones.

La imagen define con precisión el papel que la revista se atribuía. No se presentaba como fuente sino como recipiente: una forma que contiene lo que otros traen y que, al contenerlo, lo hace legible. Es una idea modesta de lo que es una revista literaria, y probablemente la correcta. El cuenco no produce el agua; la reúne, la sostiene y la devuelve.

Esa modestia declarada tuvo efectos prácticos. Adamar no editorializaba en cada número, no firmaba manifiestos y no se posicionaba en las polémicas del campo literario. Su intervención consistía en la selección y en el orden: qué se publicaba, junto a qué y bajo qué epígrafe. Un poema traducido colocado al lado de un poema original en castellano dice algo, aunque nadie lo diga.

Una revista pensada para la red

Adamar apareció en el año 2000, en el momento exacto en que la publicación literaria en internet dejaba de ser una excentricidad y todavía no era un hábito. La revista tomó una decisión temprana que hoy parece obvia y entonces no lo era: no imitar al papel. No hubo maquetación de columnas, ni paginación fingida, ni versiones descargables que reprodujeran una revista que no existía. Hubo secciones, índices y direcciones estables.

La contrapartida de esa decisión fue la fragilidad. Una revista que sólo existe en la red depende de una máquina, de un dominio y de la constancia de quien los mantiene. Adamar cambió de sistema tres veces —marcos, gestor de contenidos, base de datos— y en cada mudanza cambió también la forma de sus direcciones. Este archivo conserva la de la tercera época, que es la que más equilibrio alcanzó entre estabilidad y claridad, y preserva intacta la de la cuarta.

La editorial

De la revista nació una editorial, adamaRamada ediciones, presentada un diez de diciembre en una librería de Madrid. La presentación quedó documentada en el propio sitio con una serie de fotografías de la sesión: los autores, los asistentes, los marcapáginas. Fue el momento en que la publicación electrónica se dio un cuerpo impreso, un movimiento que muchas revistas de aquella generación intentaron y pocas sostuvieron.

La editorial dejó de operar y su dominio pasó a otras manos hace años. Lo que queda de aquel proyecto son los libros que llegaron a imprimirse y este archivo.

Cómo leer este archivo

Las páginas que siguen describen cada sección tal como funcionó, y el archivo recoge el índice de los números recuperados. No se reproduce aquí ninguna de las obras publicadas: la poesía, la narrativa y el ensayo que Adamar acogió son de sus autores y no de la revista. Lo que sí se conserva íntegro es lo que Adamar escribió sobre sí misma, que es exactamente lo que se lee en esta página.

Para quien quiera seguir el rastro de la tradición en la que la revista se movía, el Rinconete del Centro Virtual Cervantes mantiene desde una fecha muy próxima a la del nacimiento de Adamar un ejercicio diario de escritura breve sobre lengua y literatura, y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva digitalizados los fondos clásicos a los que la revista volvía una y otra vez.