Narrativa

Si algo distinguía la sección de narrativa de Adamar del resto de revistas de su tiempo era una preferencia sostenida por el fragmento. No por el relato incompleto ni por el texto sin terminar, sino por el pasaje que un autor extrae deliberadamente de una obra mayor y entrega como pieza suelta.
La preposición «de»
Basta leer los índices recuperados para verlo. Entre los títulos publicados en los números 13 a 24 aparecen, una y otra vez, formulaciones que empiezan por una preposición: de El árbol, de funámbula, de turbina de verbo, de Apuntes sub-lunares, de la nueva vida de Eulalia. Esa minúscula inicial no es descuido. Es una convención editorial, y la revista la mantuvo con constancia.
Lo que declara es preciso: esto no es un cuento. Es una porción de algo más grande que existe en otra parte y que puede o no llegar a publicarse. El lector queda advertido de que está entrando por la mitad, y el autor queda libre de la obligación de cerrar.
Por qué una revista publica fragmentos
La decisión tiene consecuencias editoriales serias y merece explicarse, porque la práctica habitual es la contraria: las revistas literarias suelen pedir relato breve autónomo, con principio y final, precisamente porque cabe entero y no exige nada al lector.
Publicar fragmento significa aceptar tres cosas. Que el lector no tendrá el conjunto. Que la pieza se juzgará por su escritura y no por su arquitectura. Y que la revista funciona como banco de pruebas de obra en marcha, no como escaparate de obra terminada. Es una relación distinta con los autores: menos vitrina y más taller.
También es una relación distinta con el tiempo. Un cuento cerrado es un objeto acabado; un fragmento es una señal de que alguien está trabajando. Una revista que publica sobre todo señales de trabajo se parece más a una conversación sostenida que a una colección.
El relato breve, sin desaparecer
Junto a los fragmentos, la sección mantuvo siempre relato con título propio y forma cerrada. En los sumarios conservados figuran, entre otros, Clastomía pediculta, Siete sombras de ciprés, El aprendiz, El lector, El reino, Psicodrama: ése que mira sobre mi hombro. La proporción habitual era de cuatro o cinco piezas por número, mezclando ambas formas sin distinguirlas en el índice.
El alcance atlántico
La narrativa fue la sección donde con más claridad se veía que Adamar no era una revista sólo española. Firmas argentinas, colombianas, panameñas, uruguayas y peruanas aparecen en los sumarios con la misma naturalidad que las peninsulares, sin epígrafe que las agrupe ni nota que las presente como extranjeras.
Eso era, en aquel momento, una de las novedades reales de la publicación electrónica. Una revista impresa en Madrid en el año 2000 circulaba por Madrid; que un narrador de Buenos Aires publicara en ella y lo leyeran en Bogotá era un problema logístico, no editorial. La red suprimió el problema logístico de golpe, y las revistas que supieron aprovecharlo —Adamar entre ellas— se volvieron continentales sin proponérselo.
En el último número
El sumario del número 40 muestra hasta dónde había llegado la sección: Katherine Mansfield, Mario Levrero, Giovanni Papini, Marguerite Duras y Mariel Manrique en una misma entrega. Cuatro tradiciones y cuatro lenguas de origen, reunidas por lectura y no por catálogo. Puede consultarse íntegro en la página de la IV época.
Los índices de los números 13 a 24 están en el archivo. Sobre la sección vecina, donde muchos de estos autores aparecían también como críticos, véase reseñas; y sobre la que abría cada número, poesía.
Para el contexto de la narrativa breve en español, el área de literatura del Centro Virtual Cervantes reúne estudios y monografías de acceso libre.