Cuevas

Cuevas era la sección con la que Adamar despedía a quienes acababan de morir. No era una necrológica ni un obituario: la revista la llamaba reconocimiento, y ésa es la palabra que encabezaba sus entregas.
La entrega conservada
De la sección se conserva identificada la dedicada a Jean Baudrillard, encabezada así:
RECONOCIMIENTO a JEAN BAUDRILLARD
Reims, 20 de junio de 1929 — París, 6 de marzo de 2007
Nada más. Un nombre, dos ciudades, dos fechas. La fórmula tiene la sobriedad de una lápida y es, seguramente, la única forma decente de encabezar un texto así.
La fecha de la muerte permite además fechar la entrega: apareció en el número que la revista publicó en la primavera de 2007, es decir, prácticamente a continuación. La sección respondía al presente.
Reconocimiento, no necrológica
La distinción no es retórica. La necrológica es un género periodístico con reglas propias: resume una vida, la ordena cronológicamente y la evalúa. Presupone que hay algo que informar y alguien a quien informarlo.
El reconocimiento hace otra cosa. No informa: constata una deuda. Es lo que una revista literaria puede ofrecer honestamente cuando muere alguien cuya obra ha sido importante para quienes la hacen — no una biografía, que otros escribirán mejor y con más medios, sino el acto de decir públicamente que esa obra contaba.
Que la revista eligiera esa palabra, y no la otra, indica que sabía exactamente qué estaba haciendo y qué no.
El nombre de la sección
Cuevas es un nombre desconcertante para una sección funeraria, y probablemente por eso funciona. No dice tumba ni memoria ni in memoriam. Dice cueva: el lugar más antiguo donde los seres humanos dejaron marcas destinadas a durar más que ellos.
La primera pintura conocida está en cuevas. Las primeras sepulturas también. Una sección que se ocupa de los muertos y se llama así no está pensando en el final sino en lo que queda cuando alguien deja de estar: las marcas en la pared, que siguen ahí mucho después de que se apague el fuego.
Es, además, coherente con la manera de nombrar de toda la revista. Las voces del árbol, Atalaya, Brotes, Cuevas: cuatro imágenes concretas donde otra publicación habría puesto cuatro etiquetas descriptivas.
Una sección que no se puede programar
Toda revista con secciones fijas construye su calendario sobre la previsibilidad: se sabe cuántos poemas y cuántas reseñas van en cada número. Cuevas era la excepción. No se podía planificar, no aparecía en todos los números y su contenido lo decidían acontecimientos ajenos a la redacción.
Mantener una sección así exige una disposición particular: estar dispuesto a interrumpir el número previsto cuando ocurre algo que hay que reconocer. Es una forma de decir que la revista está atenta a lo que pasa fuera de ella, y que no toda su materia se decide en la mesa de redacción.
Dentro de la revista
Cuevas figuraba entre las secciones especiales de Adamar, bajo el epígrafe común que agrupaba las columnas de continuidad, y se mantuvo hasta la última época, donde aparece en la columna de especiales junto a Las voces del árbol y Atalaya.
Los índices de los números 13 a 24 están en el archivo; el sumario del número 40, en la página de la IV época. Para el rastro documental del pensamiento contemporáneo que la sección solía reconocer, el repertorio Filosofía en español mantiene fichas y bibliografías de acceso libre.