presentaciónanterioresgalardonesiv épocaenlaces
adamar

Revista de Creación · En la red desde el año 2000

Al calor de la cocina

Bodegón de cocina con cuenco de barro y paño de lino
Bodegón de cocina con cuenco de barro y paño de lino

Entre las secciones fijas de Adamar había una que ninguna otra revista literaria española de su generación mantuvo con esa constancia: Al calor de la cocina. Aparecía en el sumario de casi todos los números, con su propio epígrafe, al mismo nivel que la poesía o el ensayo. No era una concesión ni un descanso. Era una sección más, y la revista la trataba como tal.

Una sección que se perdió

Es también la sección peor conservada. Su página de índice no ha sobrevivido en ningún archivo consultable: donde debería estar, sólo hay un error. Se conservan, en cambio, las direcciones de cuatro de sus entregas y su presencia constante en los sumarios de los números 13 a 24, de modo que sabemos con certeza que existió, cuánto duró y qué lugar ocupaba. Lo que no se conserva es su propia voz.

Esta página no la inventa. Describe, en su lugar, el territorio que la sección ocupaba y por qué una revista de creación literaria decidió ocuparlo.

La comida como forma literaria

La literatura gastronómica no es una rama menor de las letras españolas: es una de las más antiguas y una de las mejor escritas. Antes de existir como género, la comida ya organizaba páginas centrales de la tradición. El primer capítulo del Quijote presenta a su protagonista por lo que come cada día de la semana, y esa lista —olla, salpicón, duelos y quebrantos, lentejas, palomino— hace en cuatro líneas el trabajo que a otro autor le costaría un capítulo: fija una clase social, una geografía y una economía doméstica.

La razón es sencilla. Escribir sobre comida obliga a lo concreto. Un plato tiene ingredientes, procedencia, temporada, precio y gestos asociados; no admite abstracción. Por eso el registro gastronómico ha servido tan bien a la crónica, a la memoria y al retrato de costumbres, y por eso una revista literaria puede acogerlo sin desnaturalizarse.

Qué cabía en la sección

A juzgar por su lugar en los sumarios y por la nomenclatura de sus entregas, Al calor de la cocina funcionaba como las demás columnas de continuidad de la revista: una pieza por número, firmada, de extensión media, escrita por colaboradores distintos. No era un recetario. Adamar no publicaba instrucciones; publicaba textos.

El territorio natural de una sección así, en el contexto de una revista de creación, comprende:

El vocabulario

Hay un motivo lingüístico por el que la gastronomía interesa a una revista que se llama como un verbo en desuso. El léxico culinario español conserva capas históricas completas: arabismos de la agricultura peninsular, americanismos llegados con los productos del Nuevo Mundo, galicismos del recetario decimonónico, regionalismos que sobreviven sólo en una comarca. Es un yacimiento de lengua viva.

Una revista atenta a las palabras encuentra ahí un material de primer orden: términos que el diccionario académico marca como desusados y que en una cocina siguen usándose todos los días. Es exactamente el mismo interés que llevó a Adamar a rescatar adamar para su cabecera, aplicado a otro terreno. Ese cruce entre lengua y oficio puede rastrearse en los repertorios lexicográficos y en los materiales sobre historia del español del Centro Virtual Cervantes.

Por qué importa que estuviera ahí

Una revista se define tanto por lo que incluye como por lo que se niega a considerar menor. Adamar tenía secciones para las formas prestigiosas —poesía, ensayo, crítica— y las sostuvo con seriedad durante quince años. Que junto a ellas mantuviera una columna sobre comida, con la misma regularidad y el mismo trato editorial, no era una excentricidad simpática. Era una posición: la de que un texto se juzga por cómo está escrito y no por el rango de su asunto.

De las cinco columnas especiales de la revista —Las voces del árbol, Atalaya, Cuevas, Brotes y esta— Al calor de la cocina es la única cuyo contenido se ha perdido por completo. Queda su nombre en los sumarios, y queda el hecho de que estuvo allí, número tras número, al lado de la poesía.

Volver a la portada o consultar el archivo.