Las voces del árbol
Entre las secciones especiales de Adamar, Las voces del árbol era la de mayor ambición. Su regla era simple y exigente: cada entrega se dedicaba a una sola voz poética, y a esa voz se le daba el espacio que la sección regular de poesía no podía darle.
Una voz por entrega
La sección regular de poesía funcionaba por acumulación: cuatro o cinco poetas por número, unas pocas piezas de cada uno. Las voces del árbol hacía lo contrario. Elegía a un poeta y le dedicaba la entrega entera.
La diferencia entre ambos procedimientos no es de tamaño sino de intención. Publicar tres poemas de alguien es incluirlo; dedicarle una sección completa es afirmar que su obra pide ser leída como conjunto. Es el gesto que en la revista impresa corresponde al dosier o al monográfico, y que una publicación electrónica podía permitirse sin coste de papel.
Ko Un
De las entregas de la sección se conserva identificada la dedicada al poeta coreano Ko Un, presentada bajo el rótulo en Voces. La elección dice mucho del alcance que la revista se atribuía.
Ko Un es uno de los grandes poetas coreanos contemporáneos, autor de una obra vastísima y traducido a numerosos idiomas. En los años en que Adamar se publicaba, su nombre circulaba poco por el ámbito hispanohablante: no era una elección obvia ni cómoda para una revista española pequeña. Publicarlo suponía depender de traductores, buscar textos difíciles de conseguir y confiar en que el lector siguiera hasta ahí.
Ese tipo de decisión —la voz que hay que ir a buscar en lugar de la que llega sola— era justamente lo que la sección existía para hacer.
El nombre
El título de la sección tiene la misma factura que el nombre de la revista: es una imagen, no una etiqueta. Las voces del árbol no describe un contenido; propone una manera de entenderlo. El árbol es uno, las voces son muchas, y las muchas voces son las de un solo tronco.
Aplicado a una sección que dedica cada entrega a un poeta distinto, el título sugiere que esas voces sucesivas —coreana, hispanoamericana, europea— no son colecciones separadas sino ramas de algo común. Es una afirmación fuerte sobre la unidad de la poesía por encima de las lenguas, y encaja con la práctica que la revista sostenía en todas sus páginas: publicar original y traducción sin advertir cuál es cuál.
El lugar de las especiales
Las secciones especiales de Adamar —Las voces del árbol, Atalaya, Cuevas, Brotes y Al calor de la cocina— figuraban en los sumarios bajo un epígrafe común, Los guiños del tiempo, y en la última época se agrupaban en una columna aparte junto al archivo y los créditos.
Su función era la que suele tener el material de continuidad en una revista: dar reconocimiento. Un lector que vuelve al número siguiente sabe que encontrará la columna de exposiciones, el reconocimiento a quien acaba de morir y la voz poética a la que este número se dedica. Esa previsibilidad es lo que convierte una serie de entregas en una publicación.
De las cinco, Las voces del árbol era la que se mantuvo con mayor visibilidad hasta el final: aparece en la columna de especiales del último número, el 40, cuya composición puede verse en la página de la IV época.
Los índices de los números 13 a 24 están en el archivo. Para poesía internacional en traducción, la Poetry Foundation mantiene un archivo abierto de obra y crítica de acceso libre.