Christian Alberto Juan Saladino / ENSAYOS EN LATÍN SOBRE EL PROYECTO CULTURAL DE INTERCAMBIO MUNDIAL





Puede que quiera que se haga de noche, como para olvidar que te comparto, para enterarme solo por innovador de las grietas profundas de vuestra niñera musa de cantera al establecer de unos flotadores perpetuos allí siendo en la decantación de un hombre alegre, de esos familiares que lloran; ríen, comen y mueren. Ha de ser la midriasis en articulación de su orilla, la peste que seis años atrás y guay de los llamados me corresponde.

Qui et ca, il viagium de non, non aigan non, sinon sua solido. Val Pectet. Jueron jablas et case de reloxes de xauria. Sua ervaticum de quixadas merinas della; fermosas petras de xornada, per mal de hominaticums per mal de ninos. Et nin fayer dexaban de iectar suas donegil minstras. Amuchigarse.

Las llaves de copas aladas en cruces de cruzas al iluminado desparejo vitreaux. El novedoso manifiesto de una antigua estética vieja para la seda dañada, en voz ronca y nocturna de un trago casual. Es al modelo de las filas, el ayer desnacer o la sugerencia al oído de compartimentos obligados los que sola te hicieron?

Puede que quiera que se haga de noche. La bolsa del horizonte, al mameluco de las creyentes que señoras miman cada espiga en su refrán de sendero corto y humano a todos los vestidos.

Habría armonía en los decesos; no estaba a la mía cuna, no lo estaba.

Nos vendrían a salvar, o podríamos morir como hombres. Vaya uno a saber como el repliegue quirúrgico de un fierro agarro fuego.

Poseeríamos cuan temerosos una atracción extraña hacia la muerte, esta o aquella misma que sentirían por la tenencia y educación de los míos futuros hijos. Seria posible que viniera corriendo a comprarnos el trigo, y que aceptaran cualquier otra cosa parecida pues no habría donde confiscar vuestros gametos y sus copias talladas al igual sacrificio, no existiría aun hombre capaz de anticiparse tanto a las cuerdas, haciendo que ellas quedaran con exactitud por detrás de vosotros, como para admirarlas al plato de los últimos manjares obligados.

Me hubiera gustado concluir la polvareda de vasallo cualquiera. Es extrañar el sabor de los pechos, la temperatura, los paseos insustituibles en la mitad primera de una hora con rodillas de factibles caminos; una enmienda radical que os libre de ser parte de la historia.

Viena de perlas, casimires, filos, Don Juárez y remaches; terceros humos de olimpiadas lunares y de caza.

El Calvario en su reparto de cedro duradero, los empujes, en el gateo adulto conglomerado humanitario.

Tiritas quienes estiradas en Varsovia producirían cambios, cuarto de reina fresca al acecho de los hombres.

Amarillo el color de la niña educada, que en amigas de la raza compañeras del rejunte aprenderían lo practicado en las suyas tinajas de perfume rebajado.

Partisano de interrogatorios danzantes el astillero de las bailarinas que en cada mármol una botella mas obscura.

Siesta de gaitas acañoneadas que ni por un mango de mortal Taibasalo los hubiera salvado, sampo que marino envejeces la fortaleza mas efímera de una delicadeza semejante; la gualda de su sentada a las mujeres de las cruces.

Boleslao Vorenet de afonía cortesana, de figuras anilladas en cabicie pidiendo por su bien en el magisterio de la humildad, Boleslao, movida de bazares armónicos.

La Gravita de los negro dorados, grises acpelmasados uno a uno y sin raconto apuntarían certeros al mimbre de su apoyo; el limite de un joven boscoso.

Magnifico asedio de ladrillos vueltos sombríos en la azulada maqueta de turbante.

Espigas.

Que cara poesía el sol al estruje de su traslado; príncipes gravitando.

Santo en uno, dos, y tres, de cabras mujeres y peces, ciervos y parejas, arranques en crepúsculos y no culminaran; San Stefano en humo soles y represas, pereza en Rila cuatro, manos cinco.

Auriga de ligas decapitadas por las redes, los frisos la liga de ciudades. Cornisa que aun pende de cada hombre, y padecería en tabliye tan preciosos como la justicia.

Anaxagoras será al exilio de Simón. De juglar cortes, la curtiembre de abajo en diez días, dime capellán, solo ahora y por la certeza de vuestros cuerpos, de que elixir resulto ser el gajo de vuestra franqueza?

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La campana que fragata mengua en ángulos las claves de este Mundo, en tres epigraficos disfraces, y si el planeta lo permitiera una recta en concepción estacionaria.

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El cielo que desconocido cuelga en vuestros rostros, abadía de San Antonio en la oración de los huertos.

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Cráter de su dorado, las damas de punta especifica, serenaban la manga de sus zócalos.




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