Hafiz (Mohamed Schemsu-d-Din) Siglo XIV / GACELES Y RUBAYAT
en
De tu pecho los montes de azucenas
son el más bello sueño
de este Hafiz, que sueña cual poeta.
Por una noche descansar tan solo
en esos montecillos alunados,
diera Hafiz su parte de la gloria,
sin pararse a pensarlo.
Más aún: a su copa, a su querida
copa por siempre –¡y ya es decir!- dejara;
por dormir una noche solamente
en esos montecillos de tu pecho,
florecidos de lirios bien olientes.
Tus caderas, Sulamit, son dos cojines
de seda sonrosada, y sobre ellos
la noche entera sueño horas felices.
Tus labios son un rojo manantial
que de alcenna mana, y en el que
no me canso en la noche de abrevar.
Dos colinas son tus pechos
en los jardines de Edén,
por las que yo me paseo.
Tus ojos son dos arcanos;
yo paso la noche entera tratando de descifrarlos.
Tus cabellos, Sulamit,
son una noche de amor,
en que quisiera morir.
Esta noche en medio de la sangre dormiré;
fuera del lecho, en que la paz reside, dormiré;
si lo dudas, envíame tu fantasma y él podrá ver
cómo sin ti, esta noche, dormiré.
Nuestra separación, amada, como la sal ha sido
que encona las heridas sobre que se ha vertido.
¡Como me dolía antaño no verte un solo día!
Y ahora ¡cuántos transcurren sin que yo te haya visto!
Cuando de sus vestidos se desprende
esa luna sin par, resplandeciente
su corazón se ve tan diáfano en su pecho
cual el guijo en el fondo del agua transparente.
¡Qué lindo ese lunar en tu mejilla!
-exclamé. Y ella dijo, resentida:
-No hay tal lunar, sino que a ti, sin duda,
un punto negro empaña la pupila.
Ve en la noche al jardín, junto a la fuente,
donde ya el loto bajo el agua duerme.
¡Y levántate el velo! Creerá el loto
que ha amanecido, y se erguirá por verte.
Que el frescor de tu belleza se acreciente de día en día,
que el color del tulipán se refleje en tu mejilla;
que la visión de tu amor, refulgente como un astro,
en mi mente resplandezca con pureza diamantina.
Que del mundo las beldades te sirvan como azafatas;
que los cipreses, al ver tu esbelto talle, se inclinen;
que los ojos que se nieguen a reflejar tu hermosura,
manen sangre, en vez de llanto, y por siempre estén ya tristes.
Que tu mirada hechicera posea todos los encantos
y rinda los corazones de aquellos a quienes fleche;
y que quien tu dulce magia, desdeñoso, desafíe,
pierda la calma y el sueño y el sosiego para siempre.
Y que esa tu boca amada, que Hafiz rendido adora,
no reciba ni dé besos a quien no se los merece
Traducción de RAFAEL CANSINOS ASSENS.
“Antología de Poetas Persas”. ARCA ediciones (Madrid, 2006).
Sobre Cansinos Assens
son el más bello sueño
de este Hafiz, que sueña cual poeta.
Por una noche descansar tan solo
en esos montecillos alunados,
diera Hafiz su parte de la gloria,
sin pararse a pensarlo.
Más aún: a su copa, a su querida
copa por siempre –¡y ya es decir!- dejara;
por dormir una noche solamente
en esos montecillos de tu pecho,
florecidos de lirios bien olientes.
Tus caderas, Sulamit, son dos cojines
de seda sonrosada, y sobre ellos
la noche entera sueño horas felices.
Tus labios son un rojo manantial
que de alcenna mana, y en el que
no me canso en la noche de abrevar.
Dos colinas son tus pechos
en los jardines de Edén,
por las que yo me paseo.
Tus ojos son dos arcanos;
yo paso la noche entera tratando de descifrarlos.
Tus cabellos, Sulamit,
son una noche de amor,
en que quisiera morir.
Esta noche en medio de la sangre dormiré;
fuera del lecho, en que la paz reside, dormiré;
si lo dudas, envíame tu fantasma y él podrá ver
cómo sin ti, esta noche, dormiré.
Nuestra separación, amada, como la sal ha sido
que encona las heridas sobre que se ha vertido.
¡Como me dolía antaño no verte un solo día!
Y ahora ¡cuántos transcurren sin que yo te haya visto!
Cuando de sus vestidos se desprende
esa luna sin par, resplandeciente
su corazón se ve tan diáfano en su pecho
cual el guijo en el fondo del agua transparente.
¡Qué lindo ese lunar en tu mejilla!
-exclamé. Y ella dijo, resentida:
-No hay tal lunar, sino que a ti, sin duda,
un punto negro empaña la pupila.
Ve en la noche al jardín, junto a la fuente,
donde ya el loto bajo el agua duerme.
¡Y levántate el velo! Creerá el loto
que ha amanecido, y se erguirá por verte.
Que el frescor de tu belleza se acreciente de día en día,
que el color del tulipán se refleje en tu mejilla;
que la visión de tu amor, refulgente como un astro,
en mi mente resplandezca con pureza diamantina.
Que del mundo las beldades te sirvan como azafatas;
que los cipreses, al ver tu esbelto talle, se inclinen;
que los ojos que se nieguen a reflejar tu hermosura,
manen sangre, en vez de llanto, y por siempre estén ya tristes.
Que tu mirada hechicera posea todos los encantos
y rinda los corazones de aquellos a quienes fleche;
y que quien tu dulce magia, desdeñoso, desafíe,
pierda la calma y el sueño y el sosiego para siempre.
Y que esa tu boca amada, que Hafiz rendido adora,
no reciba ni dé besos a quien no se los merece
Traducción de RAFAEL CANSINOS ASSENS.
“Antología de Poetas Persas”. ARCA ediciones (Madrid, 2006).
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