Miguel Arnas Coronado / POEMAS Y PROSAS DE JUVENTUD, de PAUL CELAN

Autor:
Miguel Arnas Coronado
Poemas y prosas de juventud
Paul Celan
Ediciones Trotta, Madrid, 2010
ISBN: 978-84-9879-182-2
Número de páginas: 248
Precio: 20,00 €



¿Estará con esto publicada ya toda la obra completa de Celan?, porque de ser así se nos privaría de esa sempiterna y grata sorpresa de tropezarnos con la oportunidad de disfrutar con algo nuevo del grande, de mi admirado, querido, inspirador, Wörtermeister, Maestro de palabras, Paul Celan.

Algunos de los poemas aquí publicados aparecieron ya en anteriores ediciones de la misma editorial y traducidos por la misma persona, tanto en Poesía completa como en Los poemas póstumos. Por ejemplo, Rumor de alas (Pág. 126) o Lila en la lluvia (Pág. 110). Sin embargo, puede observarse que la traducción no es exactamente la misma, quizá porque el traductor no ha querido conservarla o porque el enfoque de esta nueva traducción es contrario. Y digo contrario porque, si hasta aquí se había hecho de una forma más o menos literal, intentando conservar el ritmo, algunos de los retorcimientos sintácticos característicos del alemán celaniano, y sobre todo el sentido (si hacemos excepción de algún error de bulto como ya marqué en la anterior reseña), aquí se ha intentado conservar la rima. Sabemos que al traducir se traiciona, es asunto manido porque si no se traiciona esto, se hará con lo otro. Se deberá sacrificar la rima o el ritmo, o la métrica, o el sentido, la prosodia o las construcciones sintácticas, o lo que es peor, la potencia de las imágenes poéticas. El señor Reina Palazón ha optado por conservar, a veces moderadamente, la rima, tomando la asonante en lugar de la consonante o, incluso, un híbrido. Es debido a eso que se ve diferencia entre las traducciones de algunos poemas ya publicados y estos. Personalmente prefiero las traducciones anteriores que me ayudan a gozar más de esas siempre sorprendentes imágenes típicas de Paul Celan. Incluso diría que se disfrutan más los poemas, como Antes de medianoche (en la que tampoco Celan había elegido la rima) o Melodía y Sarta de perlas, donde la rima asonantada no dificulta la lectura, que otros como Descendida, de mis claveles prende. Es cierto que la dificultad de la lectura, que se añade al ya conocido hermetismo de Celan, no es mayor que en algunos escritores barrocos españoles, pero no debemos olvidar que el poeta rumano, que escribía en alemán, no era barroco.

Se divide este libro en cuatro partes: Bucovina, Bucarest, Prosas líricas (aunque éstas están incluidas en la época de la capital rumana) y Viena, y se ordenan cronológicamente, dentro de lo que esto ha sido posible dados los escasos datos de que se dispone. De los poemas de Bucarest, la mayoría se tradujeron ya (y se ha respetado la misma forma) en sus Obras completas porque fueron publicados por el mismo autor en vida y con su permiso. La parte titulada Viena es la más reducida y sólo dos poemas de los que la integran no habían sido traducidos hasta ahora.

Es curioso observar cómo la poesía de Celan va evolucionando, aunque desde estos primeros versos de juventud ya está ahí el poeta todo. La evolución consiste, quizá, en un progresivo apuñalamiento de la lírica, crimen que no hace perder a la lírica nada de su potencia evocadora sino que la hace más dañina, más irónica si es que eso puede tener lugar, más aquejada de la belleza terrible de los ángeles rilkeanos. Un ejemplo sería contar las veces que los nombres de diferentes flores salen en esos primeros poemas y cómo ese número va descendiendo conforme pasa el tiempo, o distinguir con cuántas alusiones a las estrellas se refiere el poeta a esas que brillan en el cielo y con cuántas al brazalete que los judíos debían llevar obligadamente en la manga o en la chaqueta sobre el corazón (cuenta Victor Klemperer que, siguiendo ese humor judío característico, los portadores de la estrella davidiana aseguraban llevar el distintivo de l’ordre pour le sémite, jugando con el nombre de la medalla militar alemana de l’ordre pour le mérite). De hecho, podría definirse la poesía celaniana como la reacción de alguien que, habiendo sobrevivido al infierno nazi desde el lado de los exterminables, leyese con sarcasmo el Cantar de los cantares y se mordiera los puños de rabia mientras ríe y llora; llora preguntando a la Divinidad hacia dónde miraba en tanto todo eso sucedía; ríe porque ni ellos ni nadie podrán jamás con la belleza y porque las pieles no sirven sólo para ser curtidas y hacer con ellas pantallas para lámparas.

En ese tono bipolar, convierte los personajes de cuentos infantiles en solapadas maldiciones, en terror que se abate sobre su víctima, como en el Canto de los hermanos extraños.

Tiene Celan la habilidad de reflejar momentos mágicos, como en los haikus, pero sin caer en eso que ya empieza a estar manido y sin renunciar a imágenes no exactamente realistas sino sorprendentes, arcanas. Dice, por ejemplo: “Blanca/ brilla al pasar por el sauce: / una muchacha, / a escape.// Pasa de largo el cisne solo”. Y en Otoño: “Miedoso/ cae con el follaje del aliso/ un nublado en el carro de los quejumbrosos”, que es una hermosa definición de la estación crepuscular.

Consigue también ridiculizar un tanto, y eso lo hace en varios poemas, la obsesión militarista de los que fueron sus enemigos y asesinos de sus padres, mostrándoles cómo en la guerra, es cierto, se mata, pero también se muere, la guerra es gloriosa y también letal y encharcada. En Desfile de antorchas puede leerse esto que digo, aunque donde más se ve esta tendencia, unida a un pacifismo beligerante, es en los poemas de Bucarest, penúltimos en el libro; por citar alguno, afirma en el poema ya anteriormente traducido Rumor de alas: “la rama de olivo por picos de águila fue robada”.

Poema destacable por sus semejanzas con su célebre Fuga de muerte (Todesfugue) es Primavera rusa (no traducido hasta ahora), tal vez un ensayo general para aquélla. Quizá uno de los poemas más bellos sea Melodía donde compara las ondas del agua con la música, o relaciona veladamente a Narciso con Orfeo, la propia contemplación con la muerte, o con el intento fracasado de superación de la muerte. El poema dice así: “Sobre la charca/ en tu enramada/ me llamó la garza: / inclínate y calla// Ligero en la lila/ espío y esplendo. / ¿No sopla enseguida/ lorzado y liento?// Círculo tras círculo/ ninguno nos tiene/ Todo queda liso. / Todo queda leve”.

Con todo, la joya de la corona son las prosas líricas, hasta ahora desconocidas (excepto, me parece recordar, una de ellas aparecida en un periódico, ni recuerdo cuándo ni recuerdo cuál). Ya tuvimos una muestra diminuta de esas prosas en Poesía completa, pero estas prosas tienen, ¿cómo no?, el absoluto toque Celan. Fueron escritas, salvo la primera, en rumano y hablan, desde la imposibilidad del amor, pasando por la mayor imposibilidad aún de conocerse a sí mismo hasta, como es de esperar, de esa sangría bárbara que fue el exterminio judío. Y todo eso con un estilo que trasciende el surrealismo. ¿Conoció al poeta Voronca o al pintor Brauner, o simplemente su vena surrealista surgió por lógica aplastante?

En fin, un libro necesario, aunque con ciertos defectos, si queremos continuar maravillándonos con la incomparable poesía de Celan, uno de los imprescindibles dioses lares de la poesía europea del siglo XX. Una recomendación: lean, si saben pronunciar el alemán o conocen algo de esa lengua, y observarán la sonoridad intensa de los poemas celanianos, elaborados con la lengua del enemigo, sacados de su sangre porque fue con sangre que ese enemigo hizo pagar a Celan su vida, aunque no la perdiera directamente en los lager.




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