Alain Bosquet / ¿QUÉ ES EL COLLAGE?

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Autor:
Alain Bosquet
Max Ernst. La pequeña fístula lacrimal que dice tic tac.Max Ernst. La pequeña fístula lacrimal que dice tic tac.




La evolución no puede sino demostrar hasta qué punto Max Ernst eleva el arte pictórico, al nivel espléndido −pero de una tensión que en otros sería insoportable, mientras que en él la tensión es delicia− de una interpretación filosófica del siglo en que vive. ¿Instinto o idea, impulso espontáneo o voluntad? Tales distingos no convienen a Max Ernst; su mayor don es precisamente el de hacer avalar por la reflexión todo cuanto le ofrece el instinto, y dominar lo bastante el instinto como para que cierto sentido de la medida le confiera una atención aceptable para la pura razón.

Al principio, en el período Dadá (no me propongo ahora llevar a cabo un análisis meticuloso, sino más bien un redescubrimiento sin el apoyo de lo que suele estropear los descubrimientos: un exceso de erudición), tenemos la impresión de que Max Ernst se sirve del mundo circundante para minar el mundo circundante. Lleva a cabo una operación de disección sobre cuanto halla a su alcance. Obtiene así piezas separadas de un conjunto; halla luego un placer maligno (es decir, profundamente concertado, malicioso y voluntariamente diabólico) en olvidar y eliminar de su memoria el conjunto. Vuelve a pegar las piezas, desprendidas (tal es la expresión que debe emplearse al referirse al collage, tanto si son reales como si son conceptuales) y forma un nuevo conjunto. Es algo parecido a lo que ocurriría si hiciéramos la disección de una rana y con los órganos aislados formásemos una mariposa, o una lámpara, o una locomotora, o un objeto que pareciera a la vez una mariposa, una lámpara y una locomotora.

En este período, extremadamente subversivo respecto al mundo que le venía dado por el entorno, Max Ernst acepta los atributos que se encuentran a su disposición; acepta la fístula, la lágrima y el tictac de un reloj: ello le permitiría titular en 1919 una composición “La pequeña fístula lacrimal que dice tic tac”. Al igual que en la literatura, esta fórmula Dadá consiste en tomar objetos (o palabras, consideradas también como objetos), desmontarlos y volverlos a montar, según el capricho del momento. El montaje y el desmontaje se producen, sin pensar en negar la cohesión molecular, ni en llegar a lo desconocido por lo desconocido. Se expresa así una rebelión contra las relaciones, las funciones y la escala jerárquica entre los objetos. Invirtiendo el orden que había establecido entre sus productos, se fustiga al mundo: no se trata, pues, de suprimir el mundo, ni siquiera de llegar a lo maravilloso.

En el dominio de la pintura, las preocupaciones de tal carácter inducen a Max Ernst no sólo a sembrar la confusión en el fenómeno representado, sino sobre todo a demostrar que la pintura no es únicamente pintura, y que existen otros elementos componentes además de la tela y el color. Se produce, pues, en la época indicada un empleo sistemático del cartón, del collage, del objeto en el objeto, de la materia insólita, de la arena, de la piedra, del alambre, de la bobina, del cristal. Una especie de filosofía contra el objeto mediante otro objeto, al cual −harto erróneamente− no se ha dado el nombre de contra-objeto o anti-objeto, puesto que carece de evolución y de función determinada.


Fuente: Revista Quadrum, 1957.




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