Julia María Carvajal / CHARDIN: LA CONTEMPLACIÓN SERENA

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Autor:
Julia María Carvajal
Los atributos de las ArtesLos atributos de las Artes




En el Museo del Prado, y por primera vez en España, se exponen obras de Chardin. Desde el 1 de Marzo hasta el 29 de Mayo de 2011, procedentes en su mayoría de la muestra que le ha dedicado el Palazzo dei Diamante de Ferrara (Italia), se pueden admirar cincuenta y siete de los cuadros que Chardin, maestro del barroco francés, realizó a lo largo de su vida.

Jean Simeón Chardin (París 1699-1779), fue uno de los máximos exponentes de la pintura francesa del siglo XVIII, el dinamismo de sus lienzos rompió definitivamente con el estilo estático del Renacimiento. Cultivó fundamentalmente el bodegón y las escenas costumbristas, en las que retrataba la vida cotidiana de la burguesía de su época, con una serena contemplación y una visión poética de tareas domésticas y sencillas, como puede apreciarse en “Dama tomando el té”, “La bendición de la mesa”, “El niño de la peonza”, “La niña del volante”, “La lavandera”, dotándolas de una espléndida belleza y una delicada armonía. Diderot, filósofo y escritor, que pasó a formar parte de la historia de la cultura por la magna obra que llevo a cabo junto a D´Alembert, dotando a Francia de la primera Enciclopedia en la que se condensaba el conocimiento adquirido durante siglos por la humanidad, le llamaba “el gran mago” por conseguir gracias a su virtuosismo pictórico, que actividades humanas normales se convirtieran en retratos extraordinarios.

El recorrido por la obra de Chardin se inicia en la segunda mitad de los años veinte, y termina en los años setenta, poco antes de su fallecimiento. Entre las obras que se pueden ver en las salas del Museo, hay dieciséis que no se han expuesto en Italia, como “La raya”, obra con la que ingresó en la Real Academia de Pintura en 1728, aunque como artista menor en la clasificación de “pintor de frutas y animales”, “Los atributos de las Artes”, lienzo de grandes dimensiones y tema alegórico, o “La maestra de escuela”, cuadro con el que alcanzó la popularidad. En la selección que el comisario, Pierre Rosenberg, director honorario del Museo del Louvre, ha llevado a cabo, hay obras famosas y otras desconocidas, bien por pertenecer a colecciones privadas, o bien porque han sido catalogadas recientemente, lo que añade más valor a la muestra. En el catálogo que El Prado ha editado, los textos sobre la vida de Chardin, acompañan a las fichas sobre las obras, y se incluyen dos ensayos, uno de Renaud Temperini, historiador de Arte, titulado “Chardin y la pintura francesa del siglo XVIII”, y otro de Ángel González, “ Chardin y sus críticos”.



La rayaLa raya


La maestra de escuelaLa maestra de escuela



Continuando en orden cronológico, aparecen los bodegones de los años treinta en todo su esplendor, como “La cisterna de cobre”, “La tabaquera”, o “El tarro de albaricoque”, aunque el artista nunca abandonó un genero para dedicarse a otro, sino que se renovaba, volvía atrás, y trabajaba en varios temas a la vez. De esta misma época es su etéreo y delicado “Pompas de jabón”, que lejos de representar una actitud infantil, es un estudio de la luz, siguiendo la estela del pensamiento de Newton trasladado a la pintura. A partir de estos años, se deja influenciar por la pintura holandesa, lo que se refleja en la serena dignidad que plasma en sus lienzos de las tareas domésticas.



Pompas de jabón



En los años cincuenta y sesenta vuelve a pintar naturalezas muertas, pero se diferencian de las que había pintado en los años veinte en la incorporación de animales de caza, la variedad de frutas, y objetos como porcelanas y cristalería, un buen ejemplo son “Cesta de fresas salvajes”, “Vaso de agua y cafetera”, o “Ramo de claveles en jarrón blanco”, esta última es una de las obras más importantes de la colección de pintura de la Galería Nacional de Escocia. La ejecución de estas obras es más audaz, pues se aprecia el dominio de la luz y las sombras, los reflejos y las transparencias.



Cesta de fresas salvajesCesta de fresas salvajes



A pesar de sufrir el rechazo de la Real Academia de la Pintura, en sus últimos años, ya que esta Institución empezó a interesarse por la pintura histórica, en detrimento de la que se nutria de la realidad inmediata, como la de Chardin, su estilo evoluciona, la pincelada es vaporosa, los tonos suaves, lo que le permite trabajar al pastel, ya que por motivos de salud se ve obligado a renunciar al óleo. Sus retratos en pastel le dan prestigio y fama, cuando el público los descubre en el Salón Internacional de 1771 en París, donde da a conocer sus Autorretratos.

La producción de Chardin fue escasa, empleaba mucho tiempo en cada obra, necesitaba una observación tranquila de la realidad, para atrapar en la tela, como si de una fotografía se tratase, ese instante fugaz e irrepetible, ese gesto inconsciente, esa luz en la mirada. Tal vez por esa razón, hay que agradecer al Museo del Prado que durante tres meses nos ofrezca con esta exposición, además de su aportación didáctica, un remanso de paz, que nos hace recordar estas sabias palabras: “si la obra es buena, no importa el tiempo que se haya tardado en realizarla”




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