Edith Lomovasky / Seis poemas de EL ABRAZO DE LA DIOSA

Autor:
Edith Lomovasky




No day comes back again:
One inch of time is worth
A foot of jade.
Takuan Zen master




La santidad del momento

Mujeres
en el río de la vida

Rastrean
con manos invisibles
las perlas sin voz
las gargantas sin agua.

El grito
ha caído
en los cántaros de Dios

Veo un rezo
buscando las orillas

Veo estatuas
aguas rojas

Observo
los credos de los hombres
reclamando
un diluvio
que divida las carnes

Y en el surco yo
hablo
no hablo

Veo
Un desfile de mujeres que no cuentan

Esqueletos expulsados
del columpio

Rosarios de vértebra inconclusa
entre los dedos
de una tenaza ciega

El dios de las linternas se escapó de esta arena y nunca volverá el
peso de la carne se queda entre líneas en el silencio de una silla
hostil una cruz inmóvil es la única sombra y el día es el umbral
entre lo que saben de nosotros y la cueva la cueva donde se
queda el estuario de este cuerpo que ya no desangra no trae sólo
se lleva y nutre hasta la última célula nosotros te querremos
nosotros te daremos todo nosotros algún día mientras tanto un
pavimento cura nuestros años nada cura este golpe y si se nombra
si se nombra qué se toca

Las huellas del dolor están pegadas
al columpio
inmediato
a mi ventana.






El Bauhaus
a estas alturas
es una anciana desgreñada

El bulevard Rotschild*
me infunde la falsificación
de una caricia

Remonto
una fila de sicomoros torturados.

Esto es un tic tac
No la palpitación confusa
de dos cuerpos

Me resisto a despedirme
del texto de mis pasos

Nadie pisa firme
en este cúmulo de ojos.

Otros refugios
cavados en el cielo
rompen el azul

Me despido
de la extremidad del goce y la plegaria.

Esto
no es la nitidez.

Hay un sol
que sirve para fundir
el metal
a las carnes calladas

Un húmero sin nombre
roza los mercados

Esta frágil y soberbia
primera persona
se va
se va
pero la piel
aún la atrapa.


* bulevar arbolado en el centro de Tel Aviv






Rueda
Después de todo
la nitidez de los mercados
es la ofrenda mayor.

La tibia invitación
cae
se derrama
mezcla su jugo
con el círculo perfecto.

Al caer la luz sobre los vivos
la placidez abre sus cofres más recientes

Soy un cuerpo recortado
Es tan fácil desnudar un cuerpo recortado
Despojarlo de todo su adjetivo
Vestirlo a prisa
Gritarle una canción de soslayo

Preparar la escena
Esfumarse entre el esplendor de un cielo mediterráneo deja vu
que ya perdió su magia de tanto cubrir nuestra pared
descascarada

Una pared que nadie tocará.
Un cielo que nadie tocará

Todo está abierto

La Diosa invisible se persigna






Resistencia

Dile al cuchillo
que no se apiade de mi fe
ni del borde insolente
del mar
en mis pestañas.

Dile al cielo entrecortado
por la estela de un avión
que sus alas se han ido
sin consuelo
a los nuevos balcones
al festejo


La distancia
hacia las vísceras del amor
aún estalla
en las paredes del invierno.

El universo aún es joven
Dile al cuchillo que no es tiempo.

Diminutamente
bella
fugaz
como el planeta ajeno a nuestra voz

Luz
en las cuclillas

Disfrutemos del espacio
de su mínima flor
de su círculo

Tenemos
los días contados
las risas contadas

Dejemos transcurrir
el rocío
la placidez
una piel feliz
entre las palmas

Un acto de fe inventa la eterna juventud y la diluye en las cintas
oscuras de la noche buscamos la ninfa y ella se deshace entre la
ferocidad de los lobos entre las tenazas que saben abrazar hasta
el pánico hoy desde un día gris rendimos homenaje a la vana
invención a la caravana inextinguible a este gris este gris este gris
cruzado por las franjas de la arena la luz impertinente el sudor la
seda que nos saca de este gris este será un himno a las sedas la
salvación la Osa Mayor el Oso Mayor esta soy esta es mi eternidad






Mi boca estorba
a la canción

Mi boca
excede las orillas

Las palabras emigran.
Emigran mis proezas.

Emigra
mi pequeña voz de mensajera.

Un cuerpo reclama
el mérito de repetirse
en las aguas

En la ventana hacia el suburbio
pinto esta oquedad
con el ramaje de mis venas.


Emigraré
sin la ingeniería de mi espanto

Se perderán en el trayecto
los andamios del templo
el diálogo de espinas


Emigrará conmigo
la risa
la lentitud
el tronco noble






¿Qué canción sin cuna cantaré en las auroras?

¿Qué gritaré en las ventanas
antes del fuego?

No quiero repetir
generaciones de desierto

Huyo del dios de las plagas y los eternos sacrificios

La canción
La cuna
vuelven en el espejo de mis sueños

El balanceo feliz
resiste en mis caderas

Estoy viva



Fuente: Blog de la autora




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