Mariel Manrique / XXXI

Autor:
Mariel Manrique




no habrá informes confidenciales, ocultos, descubiertos y desclasificados. lo que desgarra está escrito en la historia de los derrumbes, que a su vez está escrita en la arena. el Rey no habla ni sabe. no atribuyas al Rey una responsabilidad o un sentido. porque no los tiene. el Rey es hábil, rápido y potente. el Rey no tiene moral. juega mecánicamente y podría haber elegido como contrincante a cualquier otra. el Rey no tiene contrincante: busca fisuras desde las que avanzar, trastornado.

de todos los lugares podemos escapar, menos de nuestro propio cuerpo. ella aprendió que su cuerpo es Japón. las dos únicas maneras de salir de esta isla son irse por mano propia o juntar los pedazos. no hay dios a quien culpar ni ella fue, estrictamente, quien quitó el tapón de la bañera, para ver convertirse el agua en una pared negra en movimiento, que hace encallar los barcos en las esquinas, deposita los trenes en los techos y arrastra como peces los automóviles.

ella sabía que esto podía volver a pasar y se irguió hasta dormir con perros las sábanas enteras de la noche y salir a la calle en pijamas de seda que besan el maltrato de la carne y rozar, como quien lame una hostia bendita, el umbral del olvido. pueden ser altos los muros, pueden ser tibias las camas y estoicos como raíces los cimientos. los preparativos jamás son suficientes.

bajo la tierra revuelta la esperan las guirnaldas que se ponía en el pelo y los anillos de piedras imposibles que guarda desde niña en una caja y las fotografías enlodadas de lo que amó. habrá que arrodillarse y cavar.

el segundo y el tercer dedo de cada uno de sus pies no están completamente divididos. agotada, se ha inclinado y ha escondido en la anomalía del pie izquierdo la bala de plata. no es valiente ni beligerante. no tuvo fuerzas todavía para ir a visitar a su jirafa, la intriga la forma que finalmente adoptará la enredadera del patio, encontró dos cuadernos minúsculos que caben en el bolsillo de los pantalones y descubrió que ahora venden cartuchos con tinta violeta. vivir intensamente es especializarse en tareas taradas.

sobrevivir exige pegar con las venas que queden los fragmentos que queden. y reforzar los materiales de la casa, hasta el próximo golpe. porque ese próximo golpe podría llevarse otra o varias partes en bandeja, o impregnar de cenizas el cuerpo entero. después alguien diría "hubo una vez una isla que se llamó Japón", durante un corto tiempo y basta. el Rey concede la ventaja de saber que asestará otro golpe. se guarda el cómo y el cuándo.

con la anomalía de su pie derecho ella alza una torre de pastillas y varas de incienso. su hijo cerdo, reconozcámoslo, es una gran creación. chapotea en la espuma y simultáneamente oficia de órgano noble que desconcierta a la academia. pero para reconstruir ella debe comer y no hay parto que pueda auxiliarla. debe entrenarse hasta rumiar como una vaca, vaca-saco-de-huesos que rumia sin pensar que está rumiando. si ese fuera el camino hacia la serenidad que nunca tuvo. hacia el ojo-sereno-de-vaca contra el que muere el logos.

esto no es una autobiografía. es sólo una variante de una historia conjugada en las playas contiguas a esta playa en la que ella terminó. algo terminó en ella. el resto es la pregunta del desesperado que decidió guardar la bala en su pie: ¿cómo se sigue ahora?

sólo sabe que la puerta de la casa será negra, para que sus hermanos, los murciélagos, puedan dormir tranquilamente cabeza abajo. que el árbol lo imaginará, porque cuando el Rey vuelva no habrá forma de impedir que lo arranque de cuajo. imaginar es la única manera de poner a salvo, realmente, las cosas. y los diques serán bucles obstinados. sí, bucles. porque la curva disuade, al menos por un instante que da tiempo a correr, el impulso brutal de las embestidas.

mientras tanto, ella le pide que apoye la cabeza en su hombro. que se quede dormido sobre sus piernas. pide que el lento paso de las horas les entrelace las manos sin terror. porque necesita sentir que es fuerte, necesita decir, absurdamente (como si las fuerzas en conflicto fueran proporcionales), "sí, seré fuerte, nadaré estilo mariposa y no dejaré que me lleve el mar".



Fuente: Blog de la autora




Subir