Victor Manuel Mendiola / TU MANO, MI BOCA

Autor:
Victor Manuel Mendiola




1.    Un plato es una mano ahuecándose con sed o con hambre.

2.   Un plato es una mano abriéndose en su pozo para recibir o para arrebatar.

3.   Aunque me ilusiona su aspecto bondadoso, el plato –esta mano– no tiene escrúpulos.

4.   El plato da, finge generosidad; pero el cuchillo está detrás de él.

5.   El plato es un hueco duro y temible. A pesar de su aspecto medido y amable, la sangre y el hueso están en lo hondo.

6.   No importa si estoy bien o mal vestido, no importa si soy bien o mal educado, cuando el plato descansa enfrente de mí, me domina y me hace –aunque me vuelva un niño o una mujer– el hombre armado.

7.   Un plato sobre la mesa es una luna sobre un bosque de miedo.

8.   Sobre la mesa,
      en la madera dura,
      inmóvil sangra
      el plato de la luna.

9.  Una taza es un hueco indeciso entre abrir y cerrar, entre sincerarse y ocultar.

10.  La taza juega o se equilibra entre dos aguas o entre dos continentes simultáneos. Es bella, pero mentirosa.

11.   Un vaso es un hueco con miedo; teme perder su contenido.

12.   Un vaso se alarga hacia arriba alarmado.

13.   Con su aspecto alzado, el vaso presume una altivez que no tiene.

14.   Si el vaso se deja llevar por el miedo o el egoísmo, se cierra, se vuelve una botella; le surge una cicatriz como un nudo. Un ombligo.

15.   Cuando un vaso trastrabilla, quién sabe por qué motivo mi vida titubea llena de espanto.

16.   En el cuello estrecho de la botella –como una bolsa atada, como un sexo cerrado– no hay comunidad ni palabras en común. Hay una medida que guardar, una pepita o una semilla que mantener oculta. El vaso se cierra no sólo para guardar. No quiere compartir, a menos que paguen el precio.

17.   Cuando un plato se rompe algo esencial se quiebra. El amor o la familia. Cualquier promesa o pacto. Cualquier abrazo. Hasta el beso se seca. Sabe mal.

18.   Estar asombrado o tener miedo: abrir los ojos como platos.

19.   En la superficie de un plato puedo mirar el cielo de mi casa o del mundo. El Tao comienza en el plato o en la mano. Después viene el balcón.

20.   En la superficie de un plato puedo encontrar, en una sombra blanca, tu rostro.

21.   Hay una sombra blanca en el plato, una pálida sombra en el pulido pozo. Un fantasma que me mira todos los días en la cerámica.

22.   En el hueco medido de un plato están tus huecos, los centímetros de tu mordida, la hora escondida de la digestión.

23.   Junto al plato, el cuchillo eleva una oración a la encía dentada.

24.   Junto al plato, el tenedor guarda silencio, torcido y alerta, como la mirada del diablo.

25.   En su inocua presencia, la cuchara lengüetea el caldo con su pequeña, mustia cara cómplice.

26.   En su redonda extensión, el plato te mira; te lleva hacia adentro.

27.   El plato tiene la ceguera de los ojos puestos en blanco. Tú eres el agujero de su mira apuntando a la presa.

28.   Un plato es la nube de humo de un cañón o la luz que exhala un cadáver. Piénsalo bien.

29.   En el centro del plato pones, con ingenuidad y pacíficamente, la carne de un buey, un cerdo o un cordero. ¿Te la crees? ¿Piensas que estás afuera de la ley feroz de la saliva que envenena o del diente que rompe y rasga?

30.   En el centro de un plato pones la rapidez de una lechuga. El aire sopla en la verdura.

31.   En el comedor escuchas la percusión, el temblor, el temor, el tambor de los platos.

32.   En el centro de un plato miras cómo las cebras se deshilachan en negras blancas hebras. En todo plato hay una cerámica de África. El león está detrás.

33.   El plato sostiene al buey, al cordero y a la verde hoja larga, expuestos entre el grito y el colmillo.

34.   El plato tiene la apariencia de una superficie, pero es la trampa de una bolsa retráctil. Una garra como un guante de sangre. Un estómago.

35.   De niño veía la sombra blanca del plato y me quería hundir en su borroso lago de sangre.

36.   El plato es una planta carnívora.

37.   En esa planta mides tu hambre y tu sed; el peso y la largura de tu paso; los kilos de presión en tu mordida.

38.   Sentarse a comer con alguien, estar en la mesa, hacer sonar apenas, o mucho, los platos: representar la digestión de adentro en el teatro de afuera.

39.   Los ruidos de mi estómago y del tuyo en este momento fueron las palabras de amor de hace dos horas frente de nuestro plato.

40.   Sobre la superficie de la mesa relumbra el pozo mudo de mi plato, su ruido azul de boca me atraviesa.

41.   Te miro a los ojos; te miro con hambre, te miro con mi boca; quiero guardarte; déjame abrazarte con mi estómago.

42.   Cuando decimos “te amo” o “te quiero” no deberíamos señalar la sonrisa o el cabello, tampoco la espalda; sería mejor hablar como nos hablamos en el silencio de la cama o del baño. Los sentimientos me hacen mentir.

43.   En el dominio del plato puedo decir: necesito husmear tu pie, probar tu áspera axila desdoblada, aspirar las fosas de tu cuello caliente, tocar el anillo de tu cuerpo, comer de ti, comer de tus huecos. Roer tu hueso, tu adentro. Déjame.

44.   Cuando nos dejamos de amar, ya no comemos juntos ni nos comemos. El teatro de afuera extravió el teatro de adentro. No somos un plato que corre en la velocidad de su placer sino un vaso estrechándose sin acento ni rima.

45.   En un plato no sólo pones tu alimento; depositas los gramos y las pulgadas de tu cuerpo. Tu carne y tus huesos. Sobre todo tus huecos.

46.   Una ecuación: deseo = hambre, o a la inversa; pero quizá sería mucho mejor: amor = plato = boca = estómago.

47.   El plato es una boca abierta. Dale de comer.

48.   Vi a dos caracoles hacerse dos bocas en mis narices sobre mi plato. Era el beso más apasionado de la historia del cine.

49.   Te pienso y te divido con el cubierto de mi lengua. No necesito cuchara ni tenedor ni cuchillo.

50.   El plato es tu boca cuando te acercas a mí. Escucho las cuentas de tus pequeños dientes.

51.    El plato me enseña tu hueco más delicioso. Por eso meto mi dedo en tu comida.

52.   Cuando beso tu boca, beso tu hueco más hondo. Y sé dónde comienza y dónde termina.

53.   Ni tus ojos, ni tu nariz, ni tus oídos tienen esa hondura, ese vacío que me encierra y que me llena. Tus letras, tu lengua son mi testigo.

54.   Dame de comer de tu plato, entrégame tu mundo de adentro, dame tu hambre.

55.   Va mi boca a tu plato a comer de tu mano.

56.   Pongo la mitad de un tomate en la superficie del plato; veo la cresta alzada de un gallo blanco cuando revisas tu hacienda. Con mirada bondadosa cuentas vacas y pollos.

57.   Pongo una rama de eneldo en mi plato; veo tu mano crecer sobre mi mano.

58.  —Voy al mercado. Arranco aceitunas del estante; desgajo tres ramas; atravieso con los ojos la rapidez inmóvil de un salmón, petrificado en la botella oceánica de hielo dulce en la sección de Pescados y Mariscos. La espuela de un tiburón, las tenazas de un cangrejo. Ordeno tres piezas.
Regreso, cargado, a mi casa. El buche lleno.
A fuego lento, no más de veinte minutos, cuezo mi presa. La preparo para ti.
Mantequilla. Dos ramas de eneldo. Tiene que gustarte.
Ven, acércate, escucha está música de sangre y fuego, come conmigo. Ven a mi casa, siéntate a comer en mi mesa. Déjame entrar a ti, antes de entrar en ti.

59.   Tu plato es una fosa deliciosa. Entiérrame.


Editorial Aldus. México, 2005.




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